«¿Han dejado ya de llorar los corderos, Clarice?»

‘El silencio de los corderos’ se estrenó en 1991, y todos la recordamos como un digno clásico de los thrillers psicológicos, aquellos que entran en la mente del asesino e intentan diseccionarlo. Está considerada una película de culto, y no es para menos porque se trata de la adaptación de una novela de Thomas Harris, quién creó a Hannibal Lecter. No era la primera vez que uno de sus libros era adaptado al cine. Años antes, ‘El Dragón Rojo’ (pero no la protagonizada por Edward Norton y Ralph Fiennes en 2002, que también es buena) también lo fue, concretamente en 1986 pero bajo el título de ‘Manhunter’, con Brian Cox encarnando al doctor Hannibal Lecktor (que no Lecter).
Y de eso trata este post, de cazadores de mentes.
Bueno, y aclarar que no soy yo la única que considera la cinta cómo una película de culto, simplemente por el hecho de que me encante, esté bien hecha y tenga un guion y unas interpretaciones increíbles, sino que, además, todo está avalado por los cinco Oscar que ganó en 1991: Mejor actor, mejor actriz, mejor guion adaptado, mejor director y mejor película; y dos nominaciones: la de mejor edición y mejor mezcla de sonido.
La detective del FBI, Clarice Starling, interpretada por Jodie Foster, papel que la lanzaría al estrellato y consagraría su carrera, aunque ya brilló en ‘Acusados’ (digna cinta de un post en solitario para este blog), se dedica a seguir el rastro de Buffallo Bill quién está desatando el caos secuestrando y matando en su mayoría a adolescentes, a las que acaba arrancándoles la piel. Así, esta investigadora dará de bruces con la ayuda de otro asesino, Hannibal Lecter, interpretado por Anthony Hopkins, y otra interpretación que quizá sea el papel con el que más recordamos la carrera de este actor.
La relación que se entabla entre ambos se basa, como todos sabéis, en el ‘quid pro quo’ expresión latina que significa que se dará una cosa por otra, y así Clarice visita la cárcel de alta seguridad donde se mantiene al doctor Lecter, que antes de ser encerrado fue también psicoanalista. Lo que nos interesa es esta fase, la misión de Clarice es que intentará sacarle información a este preso, y así poder realizar un estudio sobre los patrones de conducta del asesino que buscan. A cambio, ella tendrá que contarle algunas intimidades, especialmente de su infancia, lo que le hace demostrar al Dr. Lecter que también su manera de ser se adecúa a lo vivido, al entorno y las circunstancias ambientales en su infancia.
Al final, cualquier teoría de criminología puede reducirse en un único punto: dime cómo matas, y te diré quién eres. La mayoría de teorías sostienen que el asesino se hace y no nace. Respecto al estudio de las psicopatías en su libro de medicina legal, el español Emilio Federico Pablo Bonnet, que fue experto en psiquiatría forense, dice que «la psicopatía forma una variedad de la personalidad anormal y que mientras no exista un componente que las deforme o destruya, no pueden ser consideradas enfermedades sino un particular modo de ser y de actuar respecto de sí y de la sociedad». El psiquiatra alemán Kurt Schneider señala que «son aquellas personalidades que sufren por su anormalidad o hacen sufrir por ella a la sociedad». Por tanto, los psicópatas no son en sí mismos enfermos mentales sino desviaciones de la media normal psíquica, que habitualmente poseen capacidad de juicio concreto y abstracto de la realidad, son influenciables por vivencias externas capaces de modificar su percepción e interrelación con la sociedad, entonces al estudiar sus vivencias y sus pensamientos, perfilando sus motivaciones, actitudes y comportamientos podemos llegar más allá.
Por ello, para poder resolver un crimen es muy importante la creación de un perfil criminológico; técnica de investigación para descubrir y así explicar características socio-demográficas (edad, sexo, ocupación, raza, nivel socio-económico), criminológicas (carrera delictiva) y psicológicas (rasgos de personalidad, motivaciones, patrones conductuales) de la persona que ha cometido un delito y de la cual se desconoce su identidad, con el objeto de ofrecer información para ser capturado, y en otros casos, para que se constituya como un perfil que puede repetirse en el tiempo, sumamente útil en asesinos en serie, pero que también puede estudiarse en otras personas con características parecidas.
Esto va unido al ‘modus operandi’, ya que esas características del determinado perfil del asesino derivan o pueden derivar en acotar las acciones o conductas que el asesino realiza en sus crímenes, o las cuáles tiene por objeto al delinquir mostrando las necesidades psicológicas o emocionales que pretende satisfacer con ese crimen. Junto con este modo de realizar el crimen, es importante tener en cuenta, a veces existe y otras no, que el asesino deje una firma en sus crímenes, y en conjunto tendremos una imagen que puede ayudar a cazarle, ya que estos como otros patrones van a tender a repetirse.
En el ‘El silencio de los corderos’ este asesino que Clarice busca, llamado Buffallo Bill se basa en Ted Bundy, uno de los seriales más temidos en Estado Unidos en los años 70. Pudieron atribuírsele el asesinato de 36 mujeres, la mayoría adolescentes, pero algunos analistas creen que podría haber cometido el asesinato de una cifra mucho mayor. La manera en la que éste se aproximaba a las víctimas siempre era la misma: un hombre con un brazo roto, y cierto carisma, pide ayuda a una mujer (en la película se ve como pide ayuda a una joven para meter un sofá en una furgoneta y después secuestrarla).

Ted Bundy, por ejemplo, fue criado por sus abuelos mientras pensaba que su madre era su hermana, quién le rechazó por haberle tenido muy joven. A esto debe sumársele en su infancia, momento en el que se forjan ciertas conductas a partir de los 6 años, los acontecimientos que tuvo que presenciar, como por ejemplo ver a su abuelo, un ser violento, cómo maltrataba a su abuela, por lo que, criándose en un entorno de rechazo y maltrato, fue un menor retraído que se entretenía capturando y mutilando a animales. Después de una infancia que incide de manera superlativa en su desarrollo, no es de extrañar que, después de empezar su carrera, y como punto de partida de sus crímenes incluso después de ser voluntario en un servicio telefónico a mujeres maltratadas, golpeara y violara a una compañera de universidad a la que aunque no llegó a matar, dejó en parálisis cerebral permanente.
Es indiscutible que la plataforma de películas y series Netflix de está convirtiendo en una potencia en el mercado audiovisual, un imprescindible para los usuarios. Cercanía y variedad constituyen la comodidad de un fenómeno que está desbancando a la industria cinematográfica habitual, y consolidando nuevos patrones de entretenimiento.
Me encantan las recomendaciones de Netflix. En el último año, haciendo mi propio balance global, el contenido que he visto en series y películas a través de Netflix, en comparación con cualquier otro formato, constituye más del 50%. Y eso es gracias a las recomendaciones. Veo una serie, y Netflix ya sabe cuál es la siguiente serie que quiero ver.
Así, y en orden cronológico en relación con su estreno, Netflix me ha proporcionado el placer de adentrarme en las siguientes historias:
- Mindhunter
- The Sinner
- Manhunt: Unabomber
El nexo de unión entre las tres series es una vertiente de la criminología, disciplina que estudia conceptos en torno al componente criminal, al delito, sus causas y los perfiles de las personas que los cometen. En concreto, la primera y la última serie son un estudio concienzudo de esta disciplina; la primera es el origen y la última es su aplicación en un caso concreto, relativamente actual y real. ‘The Sinner’ desentraña un crimen, desde luego sorprendente e impredecible, desde la misma perspectiva, introduciéndose en la mente del asesino para dar respuestas que en principio no parecen tener ningún sustento, y que se apoyan en la propia forma de ser y concebir de la persona que lo ha cometido.

¡¡OJO SPOILERS!!
‘Mindhunter’ nos cuenta cómo la criminología empezó a introducirse en EEUU en las fuerzas de seguridad, en concreto en el FBI, a partir de finales de los años 70. La cuestión es que era una disciplina que se estudiaba en universidades, pero a la cual no se le había dado un cariz práctico que pudiera hacer que otros crímenes fueran resueltos siguiendo patrones de comportamiento que se repitieran, por ejemplo, en asesinos en serie, para así, darles caza.
Se trataba por tanto de una caza de mentes, como su propio nombre indica. Estos dos agentes del FBI, interpretados por Jonathan Groff y Holt McCallany, van a realizar entrevistas a presos que hayan cometido crímenes en serie, y a través de las entrevistas con ellos y ganándose su confianza, van a crear perfiles criminológicos a través de la investigación de sus mentes, revolucionando así las técnicas para encontrar respuestas a cómo atrapar a asesinos en serie y mentes psicópatas. La serie está basada en la adaptación del libro «MindHunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit», escrito por Mark Olshaker y John E. Douglas, los dos protagonistas en los que se basa la serie, junto con la ayuda de la doctora Wendy Carr experta en psicología criminal.
Esta serie dirigida por David Fincher, el director de otras cazas de asesinos como ‘Se7en’ o ‘Zodiac’, nos introduce en los albores de la aplicación de la teoría a la práctica de los perfiles criminológicos en EEUU, con una técnica impecable y realista en desentrañar y mantener la tensión del espectador en cuanto a crímenes y criminales se refiere.
Otro gran punto de unión, con la serie ‘Manhunt: Unabomber’ es que el personaje basado en John E. Douglas en ‘Mindhunter’, fue en la realidad la primera persona que creó el primer perfil criminólogico del asesino ‘UnaBomber’ quien durante 17 años puso un total de 37 artefactos explosivos caseros en distintos lugares. Para más inri, el papel interpretado por Scott Glenn en ‘El silencio de los corderos’, como jefe de la unidad de comportamiento del FBI también se basa en la figura de John E. Douglas. Entre otras cosas, en la realidad, este agente ha colaborado con las autoridades para crear un análisis criminológico en el caso de Amanda Knox en Perugia (caso ya tratado en este blog), e incluso asesoró a Peter Jackson para la película ‘The lovely bones’ en relación con el asesino interpretado en el film por Stanley Tucci. Sin duda, toda una eminencia.
Como aparece en la serie ‘Mindhunter’ realizó docenas de entrevistas, muchas de ellas con el compañero que aparece como coprotagonista, que incluyen a famosos asesinos en serie como Charles Manson, Sirhan Sirhan, Richard Speck, John Wayne Gacy, David Berkowitz o James Earl Ray.
Uno de los que fueron entrevistados, y con un papel más que relevante para las indagaciones que van a usar estos policías, es la del asesino Ed Kemper, alias ‘El asesino de colegialas’, que mató a 10 mujeres entre los años sesenta y setenta, entre las que se encontraba su propia madre. El papel es fielmente interpretado por el actor Cameron Britton, y en el siguiente video podemos ver como la caracterización es increíble:
En ‘Manhunt: Unabomber’, interpretada por los actores Sam Worthington y Paul Bettany, entre el cazador o el experto en perfiles criminológicos del FBI, y el cazado como asesino en serie, se cuenta cómo este último perpetraba sus crímenes a través de bombas enviadas por paquetes de mensajería común entre los años 1978 y 1995 cuando envío sus paquetes bomba a distintos lugares de EEUU, incluso puso una bomba en un avión comercial que se activó gracias a un altímetro que tenía incorporado.
La serie comienza con una reflexión que bien podría haber sido del propio ‘Unabomber’, y que del todo se basa en su manifiesto y en las ideas que defendió. Ese monólogo ya nos obliga a reflexionar sobre sus creencias de sometimiento a la sociedad, y como ésta nos ha obligado a obedecer: «si recibís un paquete con tu nombre y apellidos no os planteáis hacer otra cosa que obedecer. Por que la sociedad os ha hecho para obedecer. Sois ovejas en un mundo de ovejas. Y porque sois ovejas, porque sólo sabéis obedecer, soy capaz de alcanzar y tocar a cualquiera, donde quiera». Por eso, precisamente, sus crímenes resultaron dañínamente exitosos.

‘Unabomber’, o Ted Kaczynski que así es como en realidad se llamaba, nunca fue visto perpetrando uno de sus crímenes, excepto en una ocasión en una tienda de informática, cuando la dependienta le vio un segundo antes de que depositara el paquete que posteriormente explotaría por los aires. La anterior fotografía muestra el retrato robot que circuló durante años atribuyéndose a la imagen del asesino. El nombre venía a cuento de los lugares en los que atentó y el uso de bombas (UNiversity + Airline + BOMbings: UNABOMB).
El perfil criminológico de éste se basó, inicialmente, en los distintos datos, características o patrones que se solían investigar por aquella época, y en todo caso, estuvieron dando palos de ciego hasta que alguien se fijó en el lenguaje. Algo nuevo y novedoso como estudiar el lenguaje o la manera de expresarse fue considerado en aquella época como algo inútil y que no podía probar nada. Aun así, fue precisamente eso lo que llevó a ‘Unabomber’ a prisión, que se vio acorralado y tuvo que confesar sus crímenes.
El visionario fue el agente del FBI Jim Fitzgerald, criminal profiler, que fue destinado a la unidad UNABOMBER para crear un perfil que se aproximara a la identidad del asesino. Desde el principio se centró en el lenguaje que usaba el asesino, en las cartas que enviaba, en los avisos de bomba, y en la forma de expresarse.
Sin duda podemos ver un asesino tremendamente inteligente, que realizó un doctorado en matemáticas que solo puedo ser entendido por dos o tres expertos en la materia; y después, cuando ya atentaba con sus bombas, realizó un manifiesto que quiso que se publicara en alguno de los periódicos con más tirada del país, y finalmente fue publicado en The Washington Post, y fue la clave para descubrir su mente a partir del lenguaje y las expresiones que utilizaba. De hecho, en la serie se ve como la cuñada del asesino al leer el manifiesto reconoce que la manera de expresarse es muy similar a la que utiliza el hermano de su marido, y a través de esa coincidencia consiguen atribuir la autoría del manifiesto.
Pero eso solo fue posible porque este agente del FBI, comparando cartas del sujeto, su doctorado, y el manifiesto que escribió, así como otros documentos, logro concluir que el lenguaje usado era exactamente el mismo, y en eso se basó la orden de registro que a duras penas fue firmada por un juez, ya que no existían precedentes que sustentaran como motivación lo que había razonado mediante consecución de errores en sus textos, expresiones que se repetían y una guía de estilo que se publicó con una revista y que seguía el modelo en que el asesino escribía, el mismo usado en su tesis doctoral. En la manera en que escribió se acotó un elemento generacional y sociológico que le caracterizó; así este agente, con ayuda de una experta lingüista, pudo concluir que la manera de expresarse, la similitus de las ideas, o los errores ortográficos constuían una particular manera, un patrón o una característica que era parte en sí misma de un perfil, ya que si se comparaba el manifiesto y su doctorado eran tan similares que solo podían llevar a la misma conclusión: es él.
Además de esto, otra de las cuestiones interesantes de la serie es la cuestión procedimental que se refiere la teoría del árbol envenenado, a la que hace referencia en varias ocasiones el actor que da vida al asesino Unabomber, ya que quiere apelar la cuarta enmienda para que la orden de registro no sea válida, por no haber sido suficientemente motivada, y por ello conduciría a que las pruebas encontradas en su cabaña fueran ilegales y no pudieran presentarse en juicio. Era la primera vez que una orden de registro se motivaba, como indicio principal, asentándose en una comparativa del lenguaje atribuido al sujeto investigado.
La teoría del árbol envenenado, que se usa en varios países del continente americano, tuvo su origen, en EEUU en el caso Silverthorne Lumber Company, donde los agentes obtuvieron pruebas ilícitas tras un registro sin orden. Posteriormente la sentencia se apeló, acogiéndose a la cuarta enmienda de su Constitución, declarándose ilegales todas las pruebas obtenidas aunque sustentaban irrefutablemente la autoría. Si la manera en la que se obtiene una prueba tiene origen ilícito, podrá ser descartada por no cubrir el control de legalidad necesario en su obtención.
En este caso, se refiere a la motivación que se sostiene en la orden de registro de la cabaña propiedad de Ted Kaczynski, donde guardaba lo indispensable para la fabricación de sus bombas.
En España esto se contempla, aunque la teoría no se llame así; y es que como señala la doctrina del Tribunal Constitucional no pueden aportarse pruebas que hayan sido obtenidas vulnerando derechos fundamentales, como, por ejemplo, el derecho a la intimidad consagrado en el art. 18 de la Constitución Española. Así nosotros hacemos la siguiente distinción: «las pruebas que de hecho están indisolublemente unidas con la prueba primariamente viciada y, aquellas pruebas en que esa indisoluble conexión fáctica no se da. En las primeras, dicha conexión es indudable desde una perspectiva meramente interna y no pueden ser valoradas en ningún caso sin infringir el artículo 24.2 de la Constitución, ya que lo que accede al juicio a través de estas pruebas es pura y simplemente el conocimiento adquirido al practicar la prueba constitucionalmente ilícita. Respecto de las segundas, es preciso realizar un juicio para valorar si, también desde una perspectiva externa, se han te tener en cuenta las necesidades de tutela del derecho fundamental, que cabe inferir de la índole del derecho vulnerado, de la entidad de vulneración y de la existencia o inexistencia de dolo o culpa grave».
Una sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid (Sección 10ª) de 11 de marzo de 2008, introdujo por primera vez en nuestro sistema procesal una norma que formula de manera expresa la proscripción de prueba ilícita, como consecuencia de la doctrina que respecto de este particular había establecido el Tribunal Constitucional, al declarar que la ilicitud no ha de referirse a la prueba en sí, sino al modo en que la misma se consigue, y los medios presuntamente ilícitos empleados para ello.

‘The Sinner’ también está basada en algo, pero en este caso en una novela de ficción, pero no por ello es menos interesante desentrañar porque una mujer con una familia casi perfecta, con su marido y su hijo presenciando la escena, un domingo de ocio en un lago decide apuñalar a un joven de buena a primeras, y sin saber por qué lo ha hecho.
Ella misma no lo sabe, ni nadie a su alrededor puede ni siquiera imaginarse a qué se debe. A lo largo de la serie, y sin desvelar ningún misterio, nos introducimos en las vivencias de la protagonista, interpretada por Jessica Biel, para desarrollar puntos comunes o coincidencias que parecen obedecer a una mente que ha actuado movida por algo, sabiendo que existe un significado de lo ocurrido, y demostrándole a la propia asesina cuál era su motivación y por qué lo había olvidado.
Me gustaría comentar mucho más de esta última serie, porque me encantó y la acabé en apenas un fin de semana, pero es que cualquier cosa que se diga puede ser un indicio para descubrir la fuente de semejante violencia. Si queremos ser estrictamente puristas, antes de ver esta serie es recomendable que veamos ‘Mindhunter’ y ‘Manhunt: Unabomber’ porque muy posiblemente, nos ayude a desentrañar lo que se esconde en esa mente.
Desde luego están son las series que me parecen más interesantes, y como veis relacionadas, del amplio abanico que Netflix ha puesto a disposición del usuario, pero casi en el mismo ámbito no olvidéis: ‘Alias Grace’, ‘La caza’, ‘La mantis’ (nueva en la plataforma), ‘The Killing’, ‘Bates Motel’, ‘Cómo defender a un asesino’, ‘Paranoia’ o ‘Broadchurch’.
Al final todas estas series se basan en un mismo objetivo para sostener la intriga a través de lo sucedido, en muchas ocasiones del truecrime, no saber qué hizo un asesino, sino tratar de entender por qué lo hizo.
*Comodín experto: los documentales ya comentados en este blog ‘The Jinx’ (HBO) y ‘Making a Murderer’ (Netflix), además los ‘The Keepers’ y ‘The Confession Tapes’ también de Netflix.





Meredith Susanna Cara Kercher o Mez, como la llamaban su familia y amigos, nació el 28 de diciembre de 1985 en Southwark (Londres, Inglaterra). Hija de un periodista y una ama de casa, era la menor de cuatro hermanos, dos chicos y una chica. Destacaba por ser una brillante alumna de Estudios Europeos en la Universidad de Leeds. Fue en el marco de dichos estudios universitarios donde se benefició de un Programa de Intercambio Erasmus, tal y como hemos hecho muchísimos jóvenes en los últimos años. Esta experiencia la llevó a la idílica ciudad universitaria de Perugia (Italia) donde a su llegada, el 1 de septiembre de 2007, se alojó en un hotel hasta que se hizo con una habitación en la casa de Via della Pergola, 7, la misma casa en la que encontraría la muerte la madrugada del 1 al 2 de noviembre de 2007.
–Diya “Patrick” Lumumba: de origen congoleño aunque asentado en Perugia desde hacía años, era el propietario del conocido pub perugino “Le Chic” y, por aquel entonces, jefe de Amanda Knox, quien trabajaba para él en dicho pub algunas noches durante la semana. El día de autos le envió un sms a Knox diciéndole que no era necesario que fuese a trabajar esa noche. La respuesta de Knox a dicho mensaje fue la siguiente “Certo. Ci vediamo piu tardi. Buona serata” que, traducido literalmente quiere decir: “De acuerdo, nos vemos más tarde. Buena tarde”. Dicha respuesta, que puede ser fruto de una falta del correcto manejo de la lengua italiana, llevó a la Policía a pensar que Amanda habría salido más tarde a encontrarse con él. A raíz de esta situación, Amanda se escudó, según sus propias palabras, en que la Policía italiana la habría presionado mucho para que dijese que, probablemente, se habría encontrado con Lumumba esa noche y no lo recordaba como consecuencia del shock sufrido a raíz de la traumática situación. Lo que llevó a la acusación y posterior detención de Patrick Lumumba, quien sería puesto en libertad tras confirmarse su coartada.
–Rudy Guede: nacido en Costa de Marfil, había llegado a las inmediaciones de Perugia a una edad temprana para vivir con su padre y la familia de éste. Es la única persona declarada culpable del asesinato de Meredith y que, a día de hoy, sigue cumpliendo su condena de 16 años (tras haberse sometido a un juicio rápido) en la cárcel de Viterbo, donde recientemente se ha licenciado presentando su tesis titulada “Storia e mass-media. I mezzi e i luoghi della divulgazione storica”. Fue detenido en Alemania, país al que había huido días después del crimen, según sus propias palabras asustado por lo que podía pasarle pues, según su versión de la historia, que podéis ver íntegra en el siguiente
–Raffaele Sollecito: italiano nacido en Bari, llegó a Perugia en 2002, en el momento del crimen era estudiante de Ingeniería Informática. Conoció a Amanda unos días antes del suceso, en un concierto de música clásica, y fueron inseparables desde entonces. En un primer momento fue condenado a 25 años de prisión por el asesinato de Meredith para ser posteriormente absuelto en 2011, por el Tribunal de Apelación de Perugia. Posteriormente, en 2014, volvió a ser condenado para, finalmente, ser declarado inocente por la Corte Suprema de Italia en 2015.
–Amanda Knox: natural de Seattle, llegó a Perugia en 2007 para estudiar alemán, italiano y escritura creativa en la Università per Stranieri di Perugia. Compartía casa con Meredith y se dice que no tenían muy buena relación. Al igual que Raffaele Sollecito fue condenada en un primer momento a 26 años de prisión y también sería posteriormente absuelta en 2011. Vuelta a condenar en 2014, esta vez a 28 años (3 años más que Raffaele debido a sus difamaciones contra Lumumba) y finalmente, absuelta en 2015 por la Corte Suprema de Italia. Fue la menos constante en su versión de los hechos, tal y como hemos dicho llegó a acusar a Lumumba porque, siempre según sus palabras, se vio muy presionada por la Policía. Se ha convertido, sin duda, en la gran protagonista de su historia, habiendo escrito un libro sobre su experiencia respecto al caso “Waiting to be Heard”, actualmente vive de nuevo en Seattle, tiene pareja, escribe un 











































